Desde que los animales se trasladaban en sus cuatro extremidades, necesitaron y de hecho hoy lo siguen haciendo, modificar estados de malestar o alteraciones inespecíficas respecto al funcionamiento orgánico de sus cuerpos.
La química opera desde el comienzo de los tiempos extra e intracelularmente, produciendo sustancias siempre naturales, dando lugar a principios activos que con una habilidad magistral eran y son escogidas de fuentes precisas gracias al “instinto”.
Cuando el humano se erguió, además de comer, reproducirse y vestirse, comenzó a racionalizar sus malestares y empezó a mirar el entorno como el medio de donde extraer los elementos que lo curasen.
Precisamente es de la naturaleza de donde siguen emergiendo materias primas como los vegetales medicinales de los que el humano ha aprendido a copiar, manipular y mejorar las prestaciones de ese Reino.
Hoy el 80% de la población mundial (OMS) procura su atención primaria en base a las plantas medicinales y la etnofarmacología de donde la etnobotánica se relaciona cada día más con los conocedores populares de las especies e “indicaciones” que se hacen a partir de ellas.
Desde las primeras frases reconocidas como: “que tu alimento sea tu medicamento” pasando por: "Un tóxico puede ser un remedio y un remedio puede ser un tóxico, todo depende de la dosis", la ciencia descubre espacios, límites, proyecta alcances, pero la fuerza del conocimiento popular sigue mostrando el camino de que el uso doméstico y su empirismo, cubren necesidades que muchas veces no son tenidas en cuenta por las empresas.
En el terreno práctico, por ejemplo, es de gran utilidad para los profesionales de la salud conocer las plantas que consumen sus pacientes y disponer de datos precisos sobre cuáles son los efectos que éstas producen en el organismo.
En esta sección se mostrarán conocimientos antiguos, de reciente historia y de actualidad sobre el uso de plantas medicinales.
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